Retos del nuevo Congreso de Colombia

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La imagen del Congreso de la República no es la mejor. Su aprobación por parte de la ciudadana se expresa en las bajas tasas de aceptación registradas en las encuestas de opinión pública durante 2014, las cuales no superan el 35%. En el estudio de Latinobarómetro de 2014, un 43% de los entrevistados opina que en Colombia puede haber democracia sin partidos políticos y un 32% opina que puede haber democracia sin Congreso de la República. Estos datos de por sí nos deben inquietar, a la ciudadanía en general y a quienes representamos a los colombianos en esta importante institución de nuestra democracia.

Recuperar la confianza ciudadana exige compromiso serio, responsable frente a las tareas legislativas y de control político que ejerce por mandato constitucional el Congreso de la República. Especialmente, se requiere que estas funciones se concentren en el enfrentamiento de los grandes problemas que aquejan a los colombianos y en la construcción de una sociedad en paz, más justa e igualitaria.

No podemos olvidar que nuestra tarea como congresistas y políticos se debe centrar siempre en el diseño de reglas de convivencia, con las cuales deseamos vivir y construir un proyecto de sociedad, que permita la participación e inclusión de todas y todos en los beneficios y oportunidades del desarrollo y la dirección y orientación de ese proyecto social, contribuyendo con las decisiones y acciones que hagan realidad sus resultados.

Por tanto, entre otros, algunos de los grandes retos que tiene el nuevo Congreso de la República, es garantizar la libre expresión de todas las fuerzas, partidos y movimientos políticos del país, permitiendo siempre el debate amplio, profundo y con altura, de los problemas y temas que interesan al pueblo colombiano. En este sentido, como corresponde en una democracia madura, se deben ofrecer plenas garantías para que las diferentes fuerzas opositoras y minoritarias expresen sus ideas y realicen sus funciones de control político y el legislativo opere con todos los partidos y bancadas, como un verdadero contra peso en el funcionamiento del Estado. Sin el ejercicio de este importante papel constitucional, el Congreso no podrá representar con eficacia los intereses colectivos de los colombianos.

En términos legislativos, podemos afirmar que el nuevo Congreso de Colombia, será el Congreso de la paz. Existen grandes expectativas por parte de los colombianos por la culminación exitosa de los actuales diálogos que el Gobierno se encuentra realizando con las Farc en La Habana y sobre las posibilidades de avanzar en las conversaciones con el Eln. La materialización de los acuerdos exigirá que en el Congreso se aprueben los diferentes proyectos de ley que se pueden originar como resultado de las negociaciones. Serán proyectos de ley de suma importancia no solo para el proceso de paz sino también para el futuro del país. Tendrán que ser debatidos y aprobados proyectos de ley tan sensibles como la definición del marco jurídico y las reglas del juego para la eventual participación en política de los guerrilleros desmovilizados; los acuerdos sobre el agro; la justicia transicional y el reconocimiento de las víctimas; los acuerdos sobre cultivos ilícitos, entre otros.

Existen otros temas prioritarios que no necesariamente pasarán por la agenda legislativa del proceso de paz y deben ser abordados en la agenda legislativa del nuevo Congreso, entre otros, la consulta previa y los estándares ambientales, las reformas al código minero, la tributaria, a la justicia, al sistema de salud, a la educación superior, al modelo de control fiscal y disciplinario, entre otros. Son temas que los colombianos vienen reclamando y sobre los cuales el nuevo Congreso tiene que dar una respuesta acertada y oportuna.

No podemos pasar por alto la reforma política y al sistema electoral, en dónde ya el Gobierno Nacional se ha manifestado con propuestas como la redefinición del periodo presidencial y la eliminación de la figura de la reelección, que indiscutiblemente ha traído consecuencias negativas en la distribución de pesos y contrapesos de nuestras instituciones democráticas que es necesario remediar.

Todos estos temas, significan grandes desafíos para el nuevo Congreso, pues encontrar un equilibrio entre la justicia, la paz y las oportunidades para el desarrollo futuro del país exigirá un diálogo abierto y permanente con todas las fuerzas políticas, económicas y sociales del país. Tendremos así por primera vez en la historia reciente de Colombia, un Congreso que definirá las condiciones para un escenario de posconflicto y el logro de una paz digna, con justicia, verdad y reparación. El Congreso de la República que se instala hoy domingo 20 de julio tiene una oportunidad histórica de renovar la confianza ciudadana en su trabajo, en la política y, en general, en las instituciones democráticas.

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