¿Por qué chuzan el proceso de paz?

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Colombia, a través del diálogo y la solución política, intenta recorrer en la Habana, una de las rutas más difíciles que haya emprendido en los últimos 50 años, el camino de la paz y la reconciliación nacional. Aunque no compartimos, respetamos a todos los sectores de la vida nacional que no obstante la voluntad expresada del presidente Santos de jugársela toda por la salida negociada, siguen pensando que este camino no es adecuado y en otros términos piensan que la negociación no es la solución.

Los fracasos derivados de procesos anteriores, que han generado un ambiente de pesimismo, no deben prevalecer sobre el optimismo moderado y la esperanza que tenemos la mayoría de los colombianos en este proceso. Es la civilización y el diálogo y no la confrontación armada y la barbarie lo que nos permitirá salir adelante. Por ello creemos que recorrer este complejo camino para encontrar una paz digna, implica seguridad, confidencialidad de las conversaciones y confianza mutua entre los actores.

Si bien nuestro Estado Social de Derecho implica necesariamente de la existencia de una fuerza pública regulada, legal, legitima, que ejerza el control en la totalidad del territorio, y la utilización de medios electrónicos se convierte en instrumento adecuado para ello, la interceptación a comunicaciones sólo debe utilizarse con plena sujeción a los mandatos legales, previa decisión de autoridad judicial competente, tal como reza el mandato del artículo 15 de nuestra Carta.

Resulta grave y plenamente reprochable, provenga de donde provenga, todo tipo de interceptación a las comunicaciones privadas, pero en este caso se hace mucho más reprochable por tratarse de interceptación de comunicaciones a personas cuyo propósito es alcanzar uno de los derechos más importantes del que no hemos podido disfrutar los colombianos en los últimos 50 años, como es el derecho a la paz.

Cuando el país se sorprende por el hecho de que nuevamente se estén realizando escuchas y filtraciones a las personas, en este caso a la información que comparten los propios representantes del Gobierno en la mesas de diálogo, los colombianos debemos preguntarnos, ¿Cuál es la finalidad de esas interferencias ilegales en los diálogos de paz? ¿Cuál ha sido su alcance? ¿Cuál su verdadero propósito?

En este caso no se trata de una simple violación al derecho a la intimidad, ni a la intervención de autoridades judiciales y ni siquiera de policía en la investigación de hechos delictivos, se trata de la intervención con la participación real o aparente de las autoridades militares en un asunto sustancialmente político, como son los diálogos de paz y de allí la trascendencia nacional e internacional del asunto.

La utilización por parte del Estado de la inteligencia militar, y como parte de la misma de las tecnologías de la información y las comunicaciones, es apenas natural en este tipo de conversaciones y su uso legal y legitimo no debería asombrar a nadie, pero por el contrario el uso de la inteligencia al margen del orden institucional y en contra de los propósitos de las autoridades legal, legítimamente constituidas, debe preocuparnos a todos.

Si los colombianos hemos elegido un gobierno legitimado en un amplio respaldo electoral y si el propio Congreso hace enormes esfuerzos para construir un marco jurídico adecuado para la paz, no existe razón que justifique que aislada u organizadamente, ningún grupo o personas no autorizadas, interfieran en un propósito tan transcendental para Colombia, como son los acuerdos de paz.

Lo que sucede en el país, hace llamar la atención sobre la forma como deben utilizarse las tecnologías de la información y las comunicaciones en la sociedad contemporánea, pues en este caso parece evidente que el desarrollo tecnológico se ha puesto en contravía de un interés tanto del Gobierno como de la sociedad colombiana, por el contrario, este tipo de instrumentos deben ponerse al servicio del desarrollo social, de la convivencia civilizada, de la paz.

Cuando en el país se avanza positivamente en la utilización o aplicación de las TIC, como instrumento de desarrollo, convivencia y paz, y la sociedad de la información muestra sus bondades, no es positivo que se utilicen los mismos instrumentos para pretender desestabilizar o prolongar las condiciones de violencias y barbarie, contra eso debemos unirnos todas y todos los colombianos.

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