Educación y ciudadanía

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Entre el 31 de octubre y el 2 de noviembre de 2012, liderado por el Ministerio de Educación Nacional, se realizó el “Foro Educativo Nacional: Educar para la ciudadanía es educar para la paz”, en el cual participaron diversos representantes de las comunidades educativas del país, estudiantes, educadores, directivos, además de líderes sociales, empresarios, congresistas, autoridades y expertos.

En el acto de instalación la Ministra María Fernanda Campo señaló que la política educativa de actual gobierno se encuentra centrada en transformar la calidad de la educación del país, lo cual es antes que nada “formar mejores seres humanos, ciudadanos con valores y principios éticos, respetuosos de lo público, que ejercen los DDHH, cumplen con sus deberes y conviven en paz…”

Por eso debemos reflexionar sobre ¿qué tipo de mundo queremos construir? ¿Cuál es el tipo de seres humanos y de ciudadanos que queremos formar? Sin duda aquél que se construye permanentemente en torno a “derechos, a responsabilidades personales puestas en ejercicio en proyectos colectivos de bien común, forjados en el conflicto, en el respeto a la diferencia, en sociedades desiguales e injustamente divididas como la nuestra”.

Desde este planteamiento, debe concebirse la educación de manera integral, donde además del conocimiento científico y de manera transversal a él, los estudiantes desarrollen capacidades que les posibiliten relacionarse de manera “pacífica y constructiva con los otros y con su entorno”. Nunca como hoy, en medio de la sociedad de la información y de un mundo globalizado, las nuevas ciudadanías se constituyen en un reto profundo e ineludible para el modelo educativo.

Una ciudadanía incluyente de la diferencia y denunciadora de cualquier tipo de exclusión. Fundamentada en la justicia y la equidad, sin olvidar la libertad. Fortalecedora de la identidad propia y abierta al diálogo con las otras identidades y culturas. Defensora de los derechos humanos no como formulación legal, sino como horizonte de humanización para las personas, los grupos, los pueblos y el planeta.

“Una ciudadanía sostenida por el compromiso y la responsabilidad social en la transformación de la realidad y gestora de un poder compartido, ejercido desde la lógica del servicio y no desde la concentración y centralización.” (Gimeno y Henríquez 2001); una ciudadanía entendida como un proceso permanente de constitución de sujetos críticos responsables, “que desarrolla valores y comportamientos de responsabilidad, con sentido del bien común” (Chaves, 1999)

¿Qué modelo educativo requerimos, entonces, para construir este tipo de seres humanos y de ciudadanos? La ministra Campos y otros expositores dieron luces sobre rutas que deben ser abordadas para la reflexión, señalando que requerimos un sistema educativo que “trabaje como un pulmón para la convivencia y la paz”, desarrollando proyectos pedagógicos transversales constituidos tanto por competencias básicas como por competencias ciudadanas.

Requerimos entonces de un modelo educativo donde cada maestro es antes que nada “un mentor para la vida”, como señaló en el evento el escritor colombiano William Ospina. “Los mejores seres humanos le debieron siempre mucho más a un gran maestro que a una institución”. Según el connotado escritor, “requerimos maestros que nos inicien en la pasión de la búsqueda y del hallazgo”, un buen maestro que desde la filosofía nos enseñe a pensar, que  tenga la capacidad de compartir aprendizajes musicales a través del sentimiento y la conmoción que una canción genera.

En síntesis, fundamentadas en valores como autonomía, responsabilidad, justicia y equidad, la educación y la ciudadanía deben articularse en lo conceptual y en lo práctico con el fin de contribuir a la transformación social, “como un proceso dinámico, que desborda ampliamente los aprendizajes escolares para vincularse a la realidad social y política con una intención claramente transformadora” (Bartolomé, 2000:118), en lo que William Ospina denomina “una conciencia planetaria” que se basa en la responsabilidad colectiva e individual frente a la existencia de cada ser en el mundo.

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