Los exportadores sí importan

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En un desayuno de trabajo al que fuimos invitados los congresistas antioqueños por representantes del sector exportador para analizar la grave crisis que atraviesan por los efectos del fenómeno macroeconómico de la revaluación, que durante los últimos 8 años se mantiene en Colombia debido al exceso de oferta de dólares en el mercado; le escuché decir a uno de los empresarios presentes: “los exportadores no importan”.

Esta afirmación me llevó a pensar que se refería a que no desarrollan estrategias para importar bienes o adquirir créditos en dólares -como lo hacen algunas empresas exportadoras- para equilibrar en sus estados financieros, el efecto de la tasa de cambio. Los exportadores venden sus mercancías, bienes o servicios, en dólares, pero pagan sus costos de producción y gastos de administración y ventas, en pesos.

Estaba equivocado. El exportador se refería a que pareciera que el gobierno, el congreso y la autoridad monetaria no le interesara su suerte, la soledad, la angustia que padecen no obstante tantos años de sacrificios, de recurrir a la creatividad, de hacer múltiples esfuerzos de endeudamiento e invertir para mejorar eficiencias y optimizar productividad para la competitividad internacional, para lograr precios justos y competitivos en unos mercados supremamente complejos, mientras otros factores exógenos que no pueden controlar les hacen perder rentabilidad y los dejan al borde de la quiebra. La frase lapidaria de “Los exportadores no importan” expresa la angustia de muchos de ellos en una lucha desigual contra un monstruo exógeno que los devora sin piedad ni compasión: la revaluación.

Así se lo expresaron también a Fabio Restrepo Villegas (El Colombiano, pag. 2ª, 09-29-10, Futuro de Urabá y revaluación): “Logramos ser competitivos, luchando contra todo tipo de dificultades, invirtiendo todos nuestros ahorros de épocas pasadas en las plantaciones, creyendo que podíamos tener futuro creando empleos, facilitando reconciliaciones, combatiendo las plagas del banano, sufriendo las consecuencias de huracanes e inundaciones en nuestros cultivos, conciliando con los sindicatos, asumiendo responsabilidades del gobierno en el tema de acoger en las fincas a casi todos los reinsertados vinieren de donde vinieren, bien fuera de la guerrilla, de los paramilitares o incluso de la delincuencia común. ¡Que difícil fue tomar por este camino!, pero más difícil fue asumir los costos de todo lo anteriormente descrito, sumándole el problema del monstruo más aplastante para nosotros: la revaluación más alta del planeta”.

No son sólo los bananeros, son los caficultores, floricultores, la cadena textil y de las confecciones y muchos exportadores más que en los momentos más difíciles del país -mientras otros se refugiaron en el exterior-, con valor y confianza decidieron quedarse e invertir sus ahorros en Colombia. Que paradoja, pareciera que ese hubiera sido su peor e imperdonable pecado: creer en la tierra, sembrar esperanza, forjar estabilidad en los territorios donde establecieron y permanecen sus empresas intensivas en mano de obra, donde generaron cientos de miles de empleos formales, cientos de miles de seres humanos empleados que hoy le aportan al bienestar, al desarrollo, a la convivencia pacifica. Es importante destacar que los costos laborales representan entre el 48% y el 55% de los costos totales. Todos los trabajadores cuentan con cobertura total, 100% en seguridad social y parafiscales; en algunos casos como en el de los floricultores, el 60% de su fuerza laboral son mujeres, muchas de ellas, madres cabeza de familia.

Múltiples son las alternativas y propuestas que en el diálogo con los exportadores se analizan para revertir la revaluación y mitigar su impacto negativo en el corto, mediano y largo plazo, entre ellas: intervenciones masivas y sin aviso en el mercado cambiario por parte del Banco de la República a fin de acumular reservas; control a capitales especulativos; asimismo, desincentivar el “carry trade”, esto es, contraer créditos en dólares, monetizarlos, y beneficiarse del diferencial de tasas de interés; permitir que los bancos ofrezcan créditos, cuentas corrientes y de ahorros en dólares, reducción del déficit fiscal; mayor control al lavado de activos; reforma del Artículo 373 de la CN para que el Banco de la República vele no sólo por el mantenimiento de la capacidad adquisitiva de la moneda, sino también por disminuir la tasa de desempleo, tal como lo señalo la Corte Constitucional en su sentencia C-481 de 1999.

El Ex Ministro Alberto Carrasquilla ha propuesto un mecanismo dirigido a crear un fondo de compensación cambiaria cuyo fin será atenuar los efectos negativos de la revaluación en los costos laborales de las empresas que cumplan determinadas condiciones en términos de exportaciones y de costos operativos, que podría ser interesante. El gobierno del señor Presidente Juan Manuel Santos, se propone crear y formalizar de dos a tres millones de empleos en el país. ¿De continuar sin control el monstruo de la revaluación cuántos empleos más se perderán? ¿Podría ser neutro el esfuerzo que se realice el gobierno nacional? El gobierno, el legislativo y la autoridad monetaria tenemos la responsabilidad ineludible de desarrollar los instrumentos que le digan al país, que los exportadores sí importan.

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