República bicentenaria (5)

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En el artículo (4) de esta serie, expresamos que las historias de la gesta libertadora se han escrito casi siempre al margen del papel heroico desempeñado por la mujer. Exaltamos la memoria de algunas de ellas, que fueron protagonistas de la causa patriota en nuestra República. Reconocimos además, el serio y profundo trabajo investigativo que en este sentido, han realizado Isaac Vargas Córdoba, miembro de la Academia Colombiana de Historia Militar, la Sociedad Bolivariana de Colombia, lo mismo que el Centro de Estudios Históricos del Ejército, http://www.centrohistoricoejc.mil.co/. Hoy continuamos recordando a nuestras heroínas de Colombia y América, ejemplos de amor por la libertad.


De esa participación decidida de la mujer en la gesta independista, baste agregar, como punto final de recordación y homenaje a la mujer, los nombres de Dolores Torralba, Rafaela Rangel, quienes fueron llevadas al pelotón de fusilamiento por suministrar agua a los heridos. Bibiana Talero cuya muerte en idénticas circunstancias tuvo lugar en el año 1817, en Chocontá; Carlota Armero quien pagó con su vida el apoyo a la causa libertaria, el 28 de mayo de 1816; Manuela Sáenz De Santamaría, de quien se dice, donó la totalidad de los bienes a la libertad y murió en la más absoluta pobreza.

Neiva, tributó la vida Dolores Salas, fusilada el 14 de septiembre de 1817. Natagaima, la de Luisa Trilleras, fusilada el 18 de septiembre de 1817; Pasto, por medio de Dominga Burbano, fusilada el 13 de diciembre de 1812. También están, Domitila Sarasti, fusilada el 11 de diciembre de 1812, Teresa Izquierdo, fusilada el 24 de julio de 1819; Fausta García, quien también entregó sus hijos a la causa; María Antonia Santos Plata, quien antes de ser fusilada el 28 de junio de 1819, gritó en tono profético que “antes de terminar este año, el suelo granadino estará libre de los que lo tiranizan vilipendiando la virtud y el mérito”.

Pero no sólo en Colombia, brotan al canto las muestras de valor, amor y abnegación femenina. La América toda está llena de vivos ejemplos. En la Argentina viven en la memoria, Francisca Solveyra de Ibarrola y Agustina Céspedes, que entregaron -un gesto constante de la mujer americana- sus hijos a la lucha de la libertad, conocida como la Junta de Mayo. Se narra igualmente que para 1812, y con el propósito de pagar el valor de las armas, las mujeres donaron sus joyas. Se enlista a Teresa de la Quintana, Remedios de Escalada, Ramona de Esquivel, María Sánchez de Thompson, Petrona Cárdenas, Rufina de Horma, Isabel Calvimonte de Agrelo, María de la Encarnación Andonaegui, Magdalena Castro, gesto que constituyó el origen remoto de la posteriormente fundada, Sociedad Patriótica.

En el Perú está la figura central de Rosa Campusano, quien ganó el corazón del general José de San Martín y cuyo aporte económico fue definitivo para la lucha de éste. Además jugó un papel definitivo para lograr la deserción de americanos que trabajaban en favor de la causa realista. Se cuenta que gracias a su labor, el batallón realista «Numancia» abrazó la causa patriótica. Son peruanas igualmente, Paula Huaman y Eufrasia Ramos, asesinadas por el general español Canterac; las Heroínas Juana Toledo y sus hijas Teresa y Ana; María Andrea Parado de Bellid, cuya historia en detalle puede consultarse en el interesante libro “La Mujer en la Lucha por la Justicia y la Libertad Americana” de Graciela Mendizábal y Elvia Álvarez. Lugar especial ocupa Francisca Zubiaga de Gamarra que comandó tropas.

No puede omitirse tampoco a la patriota quiteña, Manuela Cañizares, de quien se dice promovió el primer Grito de la Independencia de América. De Venezuela están Juana Ramírez “La Avanzadora” con su batallón de mujeres, Hipólita Bolívar, quien fue traída a Caracas para amamantar a Simón Bolívar, quien llegó a llamarla “Padre y de Madre”. Igualmente Matea Bolívar, entre otras muchas. También Dominga Ortiz de Páez, reconocida como la primera enfermera de los campos de batalla. En Bolivia la lista rinde amplio homenaje a las heroínas de la Coronilla de Cochabamba. En Chile, están Luisa Recabarren, Javiera Carrera y Paula Jaraqueda, de diferentes épocas pero con idéntico amor por su tierra. En Paraguay, Juana María de Lara ha sido reconocida como prócer de la independencia, de quien se dice fue la primera mujer en desplazarse hasta las tropas revolucionarias para festejar la derrota española.

La lista es interminable. El bosquejo breve no tiene propósito distinto al de homenajear el papel tesonero y ejemplificante de la mujer Americana, que hace que cobren vigencia las palabras de la escritora uruguaya Cristina Peri Rossi quien sostiene que “(…) una de las revoluciones no fracasadas de este siglo ha sido la revolución de las mujeres: si no ha cambiado toda la historia de la humanidad, sí ha cambiado la convivencia y las relaciones sociales, políticas y familiares”, lo cual sin duda, es motivo de orgullo en el Bicentenario.

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