República bicentenaria (3)

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El país enteró celebró emocionado el bicentenario de la independencia el 20 de julio. Una vez más, el rigor histórico cedió en favor de la emoción patriótica por una fecha, que si bien, representa un momento muy importante de nuestra historia, no corresponde exactamente al inicio de nuestra autonomía o independencia, lo cual sólo tuvo lugar – formalmente- el 7 de agosto de 1.819 en virtud de la Batalla del Puente de Boyacá.

El texto mismo del acta llamada de independencia reconoce como soberano absoluto al Rey de España don Fernando VII, ya depuesto por Napoleón, lo que de suyo niega el carácter independentista a dicho movimiento.

A ello se suma el hecho de que en la Constitución de Cundinamarca, promulgada el 4 de abril de 1811, que es sin duda nuestra primera constitución escrita, se alude a “…Don Fernando VII, por la gracia de Dios y por la voluntad y consentimiento del pueblo, legítima y constitucionalmente representado, (como) Rey de los cundinamarqueses”, mientras que el artículo 2 ratifica su reconocimiento a Fernando VII en la forma y bajo los principios hasta ahora recibidos y los que resultarán de esta Constitución, para concluir en su artículo 4, que “La Monarquía de esta provincia será constitucional, moderando el poder del Rey una Representación Nacional permanente”.

Después vino todo un proceso de hondas contradicciones internas entre sus promotores, un origen bastante incierto y dubitativo, que hizo entrar a la Nueva Granada, llamada así hasta 1819 cuando se adopta oficialmente el nombre de Colombia, en luchas que produjeron una especie de marasmo, llamado precisamente “Patria Boba”. El modelo político que debía implantarse, centralista o unitario promovido por Antonio Nariño, y Federalista por Camilo Torres, creó una especie de letargo que dio pie al posterior regreso español personificado en la terrorífica figura de Pablo Morillo, el pacificador, prevalido del régimen del terror.

Entre 1810 y 1816, se producen frecuentes derramamientos de sangre entre los propios patriotas. Precisamente, en 1811 Bogotá proclama su independencia. El resto formó la llamada Federación de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, lo que marcó hondas e insuperables diferencias, las cuales no eran sólo de tono sino también de contenido, de tal índole que son la génesis de las guerras sucesivas de 1812 y 1814. Mientras los patriotas se debatían en su lucha interna, llega Morillo en abril de 1815 a Cumaná, y luego en julio pasó a Santa Marta, a la Nueva Granada, desde donde avanza en su conocida y sangrienta tarea, iniciada con el sitio de la heroica Cartagena que duró desde el 17 de agosto hasta el 15 de diciembre.

En 1816, Morillo recurre a una estrategia que le dará inmejorables resultados, al proferir un decreto que concederá libertad a los esclavos delatores de patriotas. El 26 de mayo siguiente, entra en Santafé de Bogotá y procede a ejecutar a Camilo Torres, Liborio Mejía, Joaquín Camacho y Roldán, Francisco José de Caldas, Jorge Tadeo Lozano y Antonio Baraya, entre otros, lo cual produjo un odio profundo en el pueblo mismo hacia la causa realista. Al año siguiente, parte hacia Venezuela. Juan Sámano asume el mando en la Nueva Granada. En 1818 se enfrenta y vence a Bolívar en la Batalla de la Puerta.

Finalmente, el 7 de agosto de 1819, Bolívar vence a José María Barreiro en la batalla de Boyacá. Se inicia la desbandada española. Sámano abandona Santafé. Morillo, no logra ganar refuerzos y en su lugar, en 1820, se le ordena celebrar un armisticio con las colonias, lo cual tiene lugar, mediante delegados, en Trujillo, el 25 de noviembre. Dos días después, se entrevista con Bolívar en Santa Ana, lo cual ha sido teñido de distintos matices por los historiadores. Días después, precisamente el 17 de diciembre parte para España. Diez años después, en la misma fecha, moriría el Libertador en Santa Marta.

Posteriormente la vida de Morillo fue de titubeo. Escribió en diarios e hizo memorias de la campaña en la Nueva Granada. Pareciera haber luchado en bandos distintos y antagónicos. El propio Fernando VII lo despojó de los títulos que le había conferido. Murió en Francia. Su memoria en América no logró trascender del dolor y del agravio. Así se le conoció y así se le recuerda en el Bicentenario.

Nota: El próximo mes de agosto la Sociedad Económica de Amigos del País –Seap- y el Partido Liberal esperaban ofrecerle en vida, un sentido homenaje a la trayectoria de un patriota y demócrata integral; a un hombre cuya vida fecunda fue consagrada al estudio, a la tarea política e intelectual al servicio del país: Hernando Agudelo Villa, ideólogo del Partido Liberal, promotor y defensor del Estado Social de Derecho, paradigma de amor por Colombia, acaba de fallecer, paz en la tumba del líder, del dirigente, del ser humano, del colombiano ejemplar.

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