Hora de reflexiones políticas

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Tomada de ElTiempo.com

El próximo domingo asistiremos a las urnas para elegir a la persona que durante cuatro años, habrá de conducir los destinos del país en calidad de Presidente o Presidenta de los colombianos. Hace muchos años que en Colombia un proceso electoral presidencial no era tan ampliamente promovido y difundido a través de los medios de comunicación. Muchas reflexiones deberán realizarse, pues aunque por parte de los medios de comunicación y de las campañas se han realizado amplios debates y enormes esfuerzos para que las diferentes propuestas sean conocidas y analizadas por la ciudadanía, tal parece que programas e ideas como argumentos fundamentales para la toma de la decisión han pasado a ocupar un segundo lugar después de las encuestas, ganadoras absolutas -no en certeza en cuanto a sus resultados-, como instrumento generador de intención de voto.

Es indiscutible que tal situación -que como hemos reiterado, ha logrado invisibilizar otras importantes candidaturas y propuestas-, hace prever una segunda vuelta entre quienes se ha polarizado y concentrado la atención del país, los dos candidatos con mayor probabilidad de éxito. Pero no podemos endilgar toda la responsabilidad de esta atípica e ilógica situación a las encuestas. Si los dos candidatos con mayor opción representan partidos políticos nuevos en el contexto histórico de la república ¿Cuál es el nivel de credibilidad y confianza que hoy tienen los partidos políticos que han dirigido los destinos de la república durante la mayor parte de su historia? ¿Por qué los programas o propuestas de nuestros partidos políticos tradicionales no despiertan igual fervor que en el pasado?

Múltiples son los interrogantes que podríamos y debemos hacernos frente a las razones que expliquen porque los partidos políticos tradicionales han dejado de ser intérpretes de las mayorías colombianas, de sus angustias y esperanzas. Seguramente una respuesta que encontraremos estará en la propia incapacidad de los partidos políticos para transformarse desde la dirigencia local hasta la nacional, en el respeto a las mayorías, a la ética, a la transparencia en el manejo de lo público, la objetividad y capacidad critica en su participación colectiva, la defensa y actualización de sus plataformas ideológicas y programáticas con las realidades contemporáneas, con su estructura organizativa, con procesos democráticos internos, con la autonomía regional y local.

Debo centrar el análisis en mi partido, el Liberal. Es oportuno reconocerlo en Colombia ha perdido mucho de su vigor, de su fuerza y de su capacidad autocrítica para reconocer y corregir sus desaciertos. Es imperativo reconstruir y proyectar nuestros retos y desafíos como colectividad, para encontrar respuestas y dar solución a los problemas sociales, económicos, de seguridad y convivencia que vive hoy el país. Tras ser sometido a una crisis profunda en sus estructuras, a la que lo llevaron quienes lo pusieron a girar alrededor de sus intereses particulares y lo alejaron de las bases y de la militancia, el Partido Liberal deberá desde una dirigencia comprometida con la renovación y el cambio, enfrentar una gran oportunidad, esa que le permita propiciar la modernización de sus estructuras y prácticas, transformando sus realidades.

El liberalismo colombiano ha sido víctima en muchos momentos y territorios de la omisión de sus postulados y de su propia debilidad para enfrentar el reto de la descentralización, incluso la de su estructura organizativa. Creo que el Liberalismo ha de renovarse desde una profunda democratización de su hacer desde los territorios y desde las bases, a las que estamos en obligación de formar, escuchar y atender, dada su calidad de gestores de la realidad del Partido allí donde vive: en las gentes que lo llevan en el alma, lo reavivan en la participación y lo confirman con sus votos. Formar nuevos ciudadanos liberales es un maravilloso reto que nos invita a aprender a relacionarnos con los niños y los jóvenes para que ellos recojan las poderosas herramientas de la Constitución del 91 para vincularse en la vida pública y hacerse actores de la transformación que esperan ver en el país.

Me es grato reconocer los esfuerzos iniciales de las autoridades disciplinarias por hacer respetar los estatutos del Partido mediante la apertura de investigación y la negación del voto en la Asamblea de Antioquia a un diputado por su adhesión a otra campaña, contrariando los compromisos que adquirió como partícipe de la consulta popular liberal. El suyo fue el caso de transfuguismo más visible, pero no ha sido el único en el que dirigentes liberales han comenzado a deslizarse a otra candidatura. Por supuesto, confiamos en la depuración interna como un primer y necesario paso para la modernización del partido.

Una vez se avance en dicho proceso, estamos obligados a iniciar una convocatoria a los jóvenes, a los excluidos, a los profesionales y técnicos, a los liberales tradicionales y a los nuevo, para que ingresen o regresen a su colectividad y contribuyan a la renovación del Partido. Los candidatos a la Presidencia y Vicepresidencia tienen la confianza del liberalismo colombiano para emprender una acción transformadora del Partido. Por ello, independiente de los resultados, el próximo domingo votaré liberal, votaré por Una Nueva Agenda para Colombia, por Una Colombia Justa, votaré por Rafael Pardo y Aníbal Gaviria.

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