Guillermo y Gilberto

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Eugenio Prieto - Anibal Gaviria
A los mártires de la Paz y la Noviolencia

Muchas iniciativas que hoy florecen en nuestro Departamento, son ideas que han tejido las comunidades gracias a que encontraron los cómplices necesarios para darles forma y amalgamarlas con otras esperanzas cultivadas por una ciudadanía activa que desde lo local se expresaba con más vigor alrededor de toda nuestra geografía antioqueña.

Hombres y mujeres que asumieron desde su cotidianidad, desde su rol ciudadano, la iniciativa para pensar con libertad un mundo mejor, la voluntad y la solidaridad para trabajar y entregar sus vidas a ese compromiso colectivo de construir sociedades superiores. Los cómplices que encontraron como patrocinadores de esos sueños fueron -y lo serán por siempre en la memoria de esta tierra-, seres humanos como Guillermo y Gilberto, cuyos evolucionados espíritus trascendieron a su época, dejando huellas imperecederas en nuestra historia.

A Guillermo Gaviria Correa lo conocí cuando iniciaba su campaña a la Gobernación de Antioquia encabezando un movimiento pluripartidista que nació dentro del Partido Liberal y convocó a todas aquellas personas que aspirábamos a que nuestro Departamento superara su mala hora de desgobierno, corrupción y violencias. Su convocatoria a una nueva forma de gobernar y su compromiso con nuevas estrategias para que encontráramos solución a los problemas que ya algunos comenzaban a aceptar como endémicos, nos motivó a trabajar a su lado en la concepción y desarrollo del proyecto ético-político y cultural de Una Antioquia Nueva, que tanto ha trabajado la equidad y la reconciliación entre nosotros. “En la medida en que el pueblo antioqueño comience a aplicar en su vida la Noviolencia, se que los caminos de paz se abrirán y las transformaciones sociales serán más rápidas. Este esfuerzo vale la pena, si logramos con él ofrecerles a los niños y jóvenes de Antioquia, un futuro pacífico y un departamento autónomo y más justo. He llegado a la conclusión de que sin Noviolencia no puede existir democracia alguna”.

A Gilberto Echeverri lo había visto en su entusiasmo sin igual de servicio al país, de reflexión sobre nuestros problemas, de concepción de nuevas estrategias de desarrollo que nos ofrecieran otras formas de construcción del mundo que habitamos. Lo admiré cuando no lo conocía y me alborocé con su abrazo y su amistad cuando trabajamos en equipo para desarrollar las ideas de progreso descentralizado, de impulso a nuevos emprendimientos y de inclusión de la ciudadanía toda en el desarrollo; proyectos que avanzaban gracias a que él tenía un espíritu superior y una inmensa capacidad de convocar a los antioqueños a integrar, articular, sumar voluntades para cristalizar sueños. Pocos lo comprendieron. 15 días antes de su muerte, el 21 de abril de 2003, desde el cautiverio escribió: “Cumplimos un año de retención. El país sigue (en su mayoría) sin entender qué ocurre, por qué ocurren las cosas que pasan; su dirigencia sigue ausente de las realidades”.

Vi crecer espiritualmente juntos a Guillermo y Gilberto, unidos en forma entrañable en la filosofía de la Noviolencia, buscando, concertando, liderando transformaciones políticas, sociales y culturales. Los acompañó una ciudadanía anhelante de renovación y cambio, gentes que emprendían nuevas formas de diálogo, que los escucharon, interpelaron y estimularon y se sorprendían positivamente con formas de gobernar incluyentes, generadoras de espacios reales para el ejercicio del cogobierno ciudadano. Su trayectoria en la Noviolencia comenzó con el primer gesto en solidaridad con los habitantes de Granada y continúa en la acción de las Madres de la Candelaria, en la batalla del Partido Liberal por la defensa de las víctimas, en las iniciativas de concertación que siguen floreciendo, en cada antioqueño que guarda su camiseta del Plan Congruente de Paz y su memoria como miembro de una mesa de trabajo o de una asamblea constituyente.

Tenemos el deber de llevar sus enseñanzas a una ciudadanía también en formación, a los gobernantes, educadores y educandos, para que entendamos de una buena vez que no estamos invitando a la complicidad con los que creen que las transformaciones sociales son posibles a partir de la violencia, al apaciguamiento bobalicón o a la complacencia con sus acciones. Si algún movimiento tiene la obligación de denunciar los daños de los grupos armados ilegales, los crímenes del narcotráfico, la corrupción y la tragedia de la destrucción de la vida, es la Noviolencia. La Noviolencia difiere de otras prácticas porque para señalar, para combatir, no apela a lo que condena, se vale de todas las “armas” de la palabra, la verdad y el simbolismo, se apoya en la legitimidad del mandato del Estado para usar las armas en su legítima defensa y en la protección de la ciudadanía.

Guillermo y Gilberto y muchísimos hombre y mujeres en este país, nos han legado sus vidas, pero sobre todo nos han mostrado el camino que todas y todos, algún día y de manera inevitable -porque estaremos convencidos de sus beneficios colectivos-, vamos a tomar para construir nuevos espacios donde todos quepamos, nuevas realidades donde todos podamos expresarnos y sea posible la vida digna. Con el vigor perenne de su ejemplo continuaremos la marcha, aunque como decía Guillermo: “Solemos querer lograr transformaciones sociales en meses, cuando ellas requieren generaciones y además un poco de, o mucha suerte”.

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