Una ciudadanía renovada

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En las democracias la ciudadanía es esencia, pilar y razón de ser.  De esa condición compleja nace su capacidad y su poder, capacidad para hacerse oír y poder para tomar decisiones que propicien la construcción de una democracia, de un territorio, de una sociedad sin exclusiones. El voto es una de las máximas expresiones de de esas capacidades y poderes adquiridos por la ciudadanía. Votar es un derecho que otros ganaron por nosotros y una garantía que podremos legar a nuestros hijos gracias a nuestra capacidad de ejercer autónoma, libre, objetiva, independiente, responsablemente la ciudadanía.

Aunque pudieran ser mayores y mejores, debemos reconocer que existen condiciones mínimas para disfrutar de nuestros derechos. Por ello mismo, esta debería ser una ocasión privilegiada para el ejercicio de nuestras responsabilidades y deberes como puntales del Estado y de las decisiones trascendentales en nuestras sociedades. Ejercer la ciudadanía a plenitud es hacernos conscientes de su valor, del poder transformador de su ejercicio consciente, libre, responsable.

Colombia es respetada en el mundo porque ha alcanzado una madurez institucional que garantiza la vigencia del Estado de Derecho, el respeto entre las ramas del poder público y las garantías para el libre ejercicio de la ciudadanía. Sin embargo, no han cesado las amenazas a esa institucionalidad, que merece ser defendida por una ciudadanía consciente de su rol ético individual como pilar fundamental del Estado Social de Derecho. En tal sentido, cuando nos asociamos con otros para establecer una Junta de Acción Comunal, una Junta Administradora Local, un sindicato, un gremio profesional, una organización social con propósitos y objetivos colectivos de bienestar y desarrollo, estamos ejerciendo esa ciudadanía y haciéndonos cogobernantes.

El cogobierno ciudadano es una de las alternativas de una ciudadanía renovada para enfrentar la corrupción y la inequidad que afecta todos los ámbitos de nuestra sociedad, incluyendo la política. Implica ejercicios de buen gobierno con una sociedad participante, que recojan principios como el diálogo, el aprendizaje continuo, y valores como la honestidad y la tolerancia, y a partir de allí, se cimienten y difundan unos compromisos éticos, una nueva cultura política de inclusión, probidad y transparencia, que genere confianza en la sociedad, y recupere el sentido de lo público y la justicia social.

En mis recorridos por nuestra tierra antioqueña y por el país, he visto a esa ciudadanía participante emerger desde sus vidas cotidianas para dedicar su tiempo libre al ejercicio de la construcción colectiva del territorio, a través del compartir desde el diálogo, sus esperanzas, sus sueños, sus referentes de futuro,  la lectura en el largo plazo sobre las oportunidades y potencialidades de nuestros territorios.  Me motivan su tesón, su claridad y su firme determinación constructiva, que enriquece la democracia. Me retan sus dificultades para ese ejercicio pleno de la ciudadanía y las temporales dificultades para contribuir a la cristalización de sus esperanzas. Motivación y reto que me hacen solidario con la ciudadanía que hoy florece y se consolida en el país.

Desde esa cultura política positiva, debemos renovar el ejercicio de nuestra ciudadanía como máxima expresión de nuestra libertad, llegando al cubículo con independencia, con la decisión clara de votar a conciencia a favor de ese futuro que a todas y todos nos compromete. Hoy es un día importante para el ejercicio de la ciudadanía objetiva, responsable, Colombia elegirá a quienes tomarán las decisiones más trascendentales del país durante los próximos cuatro años, lo que está en juego no es sólo la conformación del Congreso, sino, y muy especialmente, la seriedad, la credibilidad de las instituciones, nuestra institucionalidad.

Mi invitación a que ejerzamos la ciudadanía votando libremente y denunciemos las situaciones en que esa opción sea impedida o coaccionada, a que rechacemos los abusos de poder de gobernantes y funcionarios territoriales o nacionales, sus presiones indebidas, el clientelismo y demás vicios que convierten el escenario donde deben brillar las inteligencias, las tesis y los argumentos, en un mercado persa de compra y venta de conciencias, un espacio para la estupidez humana. Vender el voto, permitir que nos amedrenten, comprar votos, coaccionar al elector, además de ser delitos que la ley castiga con severidad, son traiciones a la historia que nos ha traído a este día esencial, a la patria, a los territorios que nos dan identidad.

Muchas personas que ensalzamos como nuestros héroes lucharon por nuestro derecho a elegir libremente. Que en este día los beneficiarios de sus esfuerzos tengamos consideración por ellos y actuemos a sabiendas de que al votar escogemos el futuro. Analicemos la trayectoria de quienes aspiran al Congreso, su pasado, sus logros, su gestión pública o privada, sus propuestas y compromisos. Participemos con vigor por aquellas personas y propuestas que representen el país incluyente y de bienestar en el que esperamos vivir en equidad. Desde una ciudadanía renovada en su esencia, activa, transparente, comprometida en la acción por el bien común, forjemos una sociedad que avance por senderos de progreso y bienestar, un país a la medida de nuestros sueños.

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