El Partido Liberal que Colombia merece (1)

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La indignación no me permitió asistir al Congreso Nacional Liberal que sesionó la semana pasada en Bogotá. Renuncié a ir desde la desesperanza en que me habían sumido la actitud displicente y las decisiones de la Dirección Nacional Liberal –DNL- tras la consulta popular y las elecciones de directivas regionales, estuve ausente aunque sabía que se trataba de la más importante reunión del Partido antes de las elecciones de Congreso y Presidente de la República. El transcurrir del certamen y de las decisiones subsiguientes me confirman en mi lealtad con el Partido, en no perder la esperanza de que tome las banderas ideológicas con las que responda a las expectativas de los colombianos, pero también en las dudas por el manejo que le vienen dando los dos grupos que han detentado el poder tras la muerte de los ex presidentes Lleras, López y Turbay.

En Antioquia, la Concertación de Matices Liberales –CML- logró, como grupo único, la mayoría de los escaños para la conformación del Directorio Liberal Departamental –DLD- el 50% de la votación, con segundo lugar de la lista 6 con el 32% y tercero de la lista 3 con el 18%. Nuestro grupo, además, eligió a catorce de los 26 jóvenes que participan en la Asamblea Juvenil con más del 52% de los votos frente a las demás listas -la tercera votación juvenil del país-. Pues bien, esas mayorías conquistadas limpiamente mediante la convocatoria a los liberales antioqueños han sido sistemáticamente atropelladas y burladas por las maquinarias responsables del desprestigio del liberalismo.

Solicitamos a la DNL en diferentes oportunidades garantías para avanzar en el proceso de democratización interna de forma transparente, con el ánimo de que la consulta sirviera para recuperar y fortalecer la institucionalidad del Partido y abrirlo a sus bases y sus esperanzas, a una ciudadanía apática que necesita recuperar la credibilidad y la confianza para participar con decisión. Denunciamos la forma fraudulenta, que raya en lo penal, como inscribieron más de mil personas para participar en la Asamblea del Partido en Antioquia.

Ante el silencio de la DNL, se acudió al Consejo Nacional Electoral, por cuya acción se retiraron alrededor de 600 inscripciones fraudulentas. Se eligieron Directorios Municipales como el de Abejorral, 892 votos frente a 117, pero se expiden “resoluciones” firmadas por un Presidente y Secretario que ya no lo son, que dice que la DLM estará conformada por los nueve miembros de la lista que obtuvo los 117 votos, atentando contra la legitimidad de quienes depositaron los 892 votos. Horror.

Pero el irrespeto que más nos indigna tiene que ver con los jóvenes y con los 55.813 antioqueños, que llevaron a catorce jóvenes miembros de la CML a la Asamblea Departamental de Juventudes. Sucedió en el Congreso Nacional de Juventudes, realizado en Bogotá el 6 y 7 de diciembre, para el cual 14 de los 26 jóvenes, mayoritaria y autónomamente eligieron -de los tres Parlamentarios a los que tiene derecho Antioquia-, 2 de CML y 1 de las otras listas. Para sorpresa e indignación la propia Codirectora de Juventudes del Partido, Jenny Lindo, les impidió el ingreso y excluyó del evento al que asistían por el derecho legalmente adquirido en las urnas a los 2 parlamentarios que habían hecho ingentes esfuerzos para llegar a ese organismo y fueron elegidos por la legitimidad del 52% de los votantes que participaron en la consulta.

La insólita decisión de la señora Lindo favoreció la inequidad, pues a cambio del veto que sufrieron nuestros representantes, se puso tapete rojo a los voceros de los doctores Luis Fernando Duque y de César Pérez García, al permitir que asistieran 3 supuestos “parlamentarios” de sus listas. Se cambió la regla de oro de las mayorías en la democracia y 7 + 5 resultó ser mayor que 14. Horror de enseñanza para nuestros jóvenes señora Lindo.

Aquella actuación que fue vergonzosamente tolerada por la DLN, los medios de comunicación, las autoridades éticas y los restantes jóvenes liberales congregados en Bogotá refleja uno de los mayores males que aquejan hoy a nuestra colectividad y que traiciona el pensamiento de sus líderes históricos: un centralismo aberrante, que concentra el poder, el control y las ideas en un pequeño grupúsculo de directores y organismos de control que desde sus cenáculos capitalinos pretenden interpretar y decidir por la voluntad y la legitimidad de las regiones.

El Partido Liberal debe fundamentar sus acciones en valores democráticos que hoy se están desconociendo: el reconocimiento y respeto por la participación ciudadana y sus vocerías legítimas y el empoderamiento a organismos de control fuertes y respetables que pongan límites a las desviaciones y manipulaciones de los dirigentes. Ello no ha de ser potestativo para sus dirigentes ni es un adorno estatutario: es el principio desde el cual fundamentaremos y asumimos la política como proyecto ético responsable con la sociedad presente y futura, a partir del cual se han de tomar las decisiones ideológicas y construir las relaciones con los otros, que serán los temas que abordaré la próxima semana.

Feliz Navidad. A los anfitriones de EL MUNDO, a nuestros lectores semanales en el diario y por medios virtuales y a los ciudadanos que nos acompañan y observan en nuestro proyecto ético-político, los mejores deseos por una Navidad llena de bienaventuranzas y paz.

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