Noviolencia con las mujeres

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En la intimidad de su hogar, que debería ser lugar sin incertidumbres, o en las calles y caminos, donde no pueden contar con certezas previas, las mujeres enfrentan múltiples violencias que minan su dignidad, las arrasan como sujetos y les impiden asumir sus vidas con la autonomía y la libertad mínimas para ser felices. Mientras ello siga sucediendo tiene plena justificación que el mundo destine un día especial a reflexionar sobre las violencias contra la mujer y a demandar el cese de esos actos discriminatorios y agresivos. Este día existe y tiene que mantenerse porque es ocasión para dar a las mujeres vejadas el abrazo solidario de la sociedad y a las que no han sido ofendidas, la promesa de que trabajaremos para seguir protegiéndolas.

Como aporte a este día, la Cepal presentó el pasado 25 de noviembre, un profundo estudio en el que establece que en Latinoamérica el 40% de las mujeres padecen violencias y en Colombia el 60%. En nuestro país las estadísticas no pueden ser más escabrosas, “…una de cada tres mujeres es maltratada por su pareja, siete de cada 100, entre 15 y 49 años, han sido violadas, y una es asesinada cada seis días por su pareja o ex pareja. Solo este año, de las 48.760 denuncias por violencia física, 36.218 han sido causadas por la pareja. Otras 12.550 fueron por violencia sexual y de ellas 4.563 casos fueron de niñas entre 10 y 14 años, la mayoría abusadas por familiares cercanos”.

Confieso mi indignación ante la sucesión de violencias contra las mujeres en el seno de sus propios hogares y mi asombro con personajes públicos ilustrados, que en sus vidas privadas son verdaderos monstruos que no se avergüenzan de golpear a sus mujeres, que ejercen o toleran actos de agresión sexual u otras formas de discriminación verbal contra las mujeres y las niñas. Muchas de las golpizas, tortura sicológica, insultos y amenazas que padecen nuestras mujeres, sólo se conocen como historias que en voz baja, se cuentan entre ellas, como cómplices que se cuidan sus dolores, y que se transforman en meras anécdotas que consiguen ocultar la tragedia de sociedades que se han cimentado sobre el sufrimiento silencioso de las madres, hijas y hermanas.

De los relatos a los datos es evidente que las mujeres que pasan su vida sin tener que sobrellevar la violencia física, mental o la emocional constituyen escasa excepción frente a las mayorías que son atravesadas por agresivos mecanismos de discriminación, que se hacen estruendosos por la falta de solidaridad, cuando no el repudio, hacia situaciones que, como señaló el siquiatra Carlos Giraldo en reciente foro en la Universidad de Antioquia, “desestructuran toda la sociedad”.

Si el mundo privado es amenazante, qué no decir de los espacios públicos, donde son ignoradas, irrespetadas y abusadas con tal asiduidad que uno teme que acabe por convertirse en costumbre y que de allí transite a ley. Las leyes contra las mujeres son hechas por hombres que son guiados o hablan desde su condición, no desde la comprensión del ser femenino. En el estudio de la Cepal se advierte que existen “serias deficiencias en la aplicación de las normas que protegen los derechos de la mujer, así como también en la provisión de servicios y acceso a la Justicia por parte de las víctimas”, “…tampoco se han destinado suficientes recursos a la prevención, sanción y erradicación de todas las formas de violencia de género”.

Las violencias contra las mujeres y los feminicidios en nuestros territorios aumentan en forma alarmante, como también crecen las muertes por cáncer de cuello uterino y de seno y otras lesiones serias originadas en su salud sexual y reproductiva. Necesitamos políticas públicas orientadas a combatir las violencias contra la mujer, apoyadas en redes de ciudadanas organizadas que ofrezcan solidaridad en el reclamo de protección a las autoridades. Estos planteamientos, entre otros, inspiraron al gobernador Guillermo Gaviria para crear la Secretaría de Equidad de Género en nuestro Departamento, pionera y pilar de políticas públicas a favor de las mujeres.

En el mismo sentido, creo que quienes concibieron la Clínica de la Mujer en Medellín, visibilizan a esa mayoría de nuestra sociedad que se encuentra en especial situación de desprotección, reconocen la importancia de crear un centro que recoja los especialistas capaces de brindarles atención integral cuando sus demandas de salud lo requieran, aptos para desarrollar proyectos de investigación que favorezcan la concepción y ejecución de políticas preventivas en salud sexual y reproductiva que reduzcan la incidencia de enfermedades físicas y emocionales.

Con respeto, considero que por desinformación, el debate sobre este proyecto no correspondió a la real situación de violencias que padecen las mujeres. Mantener la noción de la Clínica de la Mujer no es encerrarse en una ideología, no es atentar contra valores de la sociedad, no es negar que otros ciudadanos necesiten atención. Incluso, pese a su fundamental importancia, una Clínica de la Mujer no es una acción suficiente para combatir los problemas y enfermedades de quienes todavía necesitan de estas acciones de discriminación positiva para sustentar la defensa de sus derechos y garantizar que algún día, ojalá no lejano, tendrán oportunidades semejantes a aquellas de que disfrutamos los hombres, para llevar sus vidas con dignidad y autonomía y hacer más habitable la realidad que compartimos.

Un comentario sobre “Noviolencia con las mujeres

    Eugenio Prieto Soto respondido:
    03/07/2014 en 6:06 pm

    Reblogueó esto en Eugenio Prieto Soto.

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