La opinión de Stiglitz

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La semana anterior, sin falsas expectativas, tratamos de interpretar en esta columna las diferentes variables que producen la baja inflación en Colombia, entre ellas, la fuerte influencia de la crisis global; la revaluación del peso; la desaceleración de nuestra economía después de concluido un ciclo de bonanza de cuatro años de crecimiento históricamente alto; las variaciones en los precios; el desempleo y la reducción del gasto o de la de la capacidad de ahorro y de consumo por parte de los colombianos.

Expresamos nuestra incomprensión frente a las razones de la autoridad monetaria para insistir en mantener una de las más altas tasas de interés en el mundo, con el pretexto de contener el encarecimiento de los precios y dijimos que no obstante el banco emisor argumentar que ha hecho intervenciones de compra de divisas los expertos tendrán que demostrarle que sus actuaciones han sido tardías y, por ello, insuficientes e ineficientes para favorecer a productores y exportadores, que con la revaluación del peso han sufrido duras pérdidas y muchos han sucumbido bajo las inexorables cargas financieras y la indescifrable oscilación de sus ingresos.

Retomo el tema, porque este viernes disfrute de la lectura en http://www.larepublica.com.co/archivos/EMPRESAS/2009-11-20/me-gustan-los-tlc-verdaderos-pero-no-como-el-colombiano-que-son-una-mentira, de una interesante entrevista realizada por la periodista Paola Ochoa, directora de Hora de los Negocios y miembro de la mesa de trabajo de 6 a.m. de Caracol, a la voz experta del Nobel de economía 2001, Joseph Stiglitz, que coincide con nuestro análisis, al referirse a los efectos de la crisis mundial, a la obsesión con la inflación de los bancos centrales de América Latina y, al definir el problema de Colombia como de “desempleo y tasa de cambio”: “Ustedes tienen en este momento una tasa de cambio que los va a matar. Va acabar con la productividad del país y con sus exportaciones de valor agregado…”. “…en otros lados se están pellizcando para frenar en serio el ingreso de dólares”.

Sugirió la compra masiva de dólares por parte del Banco de la República, “Como Brasil que puso control de cambios a los capitales extranjeros que llegaran a invertir en bolsa. O como la China que se ha dedicado a comprar millones de dólares tratando de defender su moneda”. Según Stiglitz, en Colombia estamos en mora de poner controles de capitales. “No entiendo por qué quitaron los que tenían antes…”. “Tienen que lidiar con eso pronto, antes de que se carcoma al sector productivo”. “…si las tasas son altas, se incentiva más la llegada de dólares. Y si llegan más dólares, el precio del dólar cae y el peso se revalúa. Entonces les será más difícil exportar y habrá mayor desempleo. Hay que tener cuidado con la obsesión por la inflación, que tanto preocupa a los bancos centrales de América Latina”.

Será que en Colombia, las positivas cifras de la inflación no dejan ver las negativas cifras de la pobreza que vergonzosamente se mantienen en el 64% y de la indigencia que creció en 2 puntos en el último año, o del consumo de los hogares que viene desacelerándose desde el primer trimestre de 2007 y de las tasas de desempleo que se dispararon en ciudades como Pereira que llegó al 21.3%, Popayán al 19.4%, Quibdo al 18.5% y Medellín al 15%. Como hemos dicho, si en un período en el que la inflación cayó a su más bajo nivel en décadas, los colombianos se han empobrecido en forma tan seria, ¿qué hubiera ocurrido sin esa conjugación de factores a favor del menor costo de vida? Más grave aún es, que estas cifras se presenten al finalizar una década en la cual, mientras Latinoamérica creció a una tasa promedio del 1.1%, Colombia lo hizo una alta tasa promedio del 3.7%.

En contraste con el desaprovechamiento de este ciclo expansivo de la economía, en el cual se pudo haber impactado positivamente en la generación de empleo y en la disminución de la pobreza, el país enfrenta hoy, al finalizar la década, tres trimestres seguidos de decrecimiento económico –en el último trimestre de 2008 el PIB decreció el 1,1%; en el primer trimestre del 2009, el 0,4% y en el segundo trimestre del 2009, el 0.5%-, en un proceso de desaceleración con señales de recesión y de acuerdo con las estadísticas sobre producción y ventas, no se observa aún en el horizonte, el inicio de un ciclo pleno de recuperación económica.

Hemos dicho que el combate a la inflación adquiere sentido en tanto sea uno de los medios deseables para luchar contra la pobreza. Pero ¿cuál es el alivio que se produce cuando las personas no tienen empleo, ni tienen ingresos ni pueden gastar, ahorrar o consumir? No podemos mirar con optimismo los próximos años sino avanzamos en reformas estructurales contra la desigualdad, la pobreza y la miseria, generando riqueza con redistribución, empleo productivo, estabilidad.

Nos unimos al nobel Stiglitz en su invitación a no dejarnos matar por la tasa de cambio, a bajar las tasas de interés y a cambiar los paradigmas en lo económico: “…Es absurdo que hoy día un Banco Central se enfoque exclusivamente en la meta de inflación. Hay otras cosas tan o más importantes como el desempleo, el crecimiento de la economía y la estabilidad del sistema financiero. El Banco de la República tiene una responsabilidad muy grande en este sentido”.

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