¿Seguridad democrática o ciudadana?

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En 1998 se le planteó al país una solución negociada al conflicto, el discurso de paz se encontró con pocos contradictores abiertos y los reveses sufridos por las Fuerzas Militares hicieron que no se generara mayor oposición. Todos los candidatos a la elección presidencial de 1998 hicieron campaña con el tema de la paz, a ello se debió el triunfo de Andrés Pastrana, quien reconoció a los dos grupos guerrilleros el estatus de actores políticos, satisfizo las demandas de las Farc, especialmente la desmilitarización de una zona de 42.000 km2 en la región del Caguán. Sin embargo, las conversaciones no desembocaron en resultados concretos, fueron tres años a la deriva entre incidentes y crisis, entre interrupciones y esperanzas defraudadas.

Durante este intento por construir un proceso de paz, los paramilitares se expandieron significativamente –abundan testimonios sobre la coexistencia pacífica con las Fuerzas Armadas-, irrumpieron en territorios guerrilleros, les disputaron el control de rutas esenciales en la mayoría de las zonas estratégicas, implantaron perímetros en las principales ciudades, se esforzaron por arrancarles el control de los polos económicos de las regiones de colonización, especialmente las de cultivo de coca.

En contraste con las elecciones de 1998, el 7 de agosto de 2002, llega al gobierno la “mano firme”, con la política de Seguridad Democrática -PSD-, propuesta por el Presidente Álvaro Uribe Vélez. La lucha contra los insurgentes es la prioridad y el objetivo esencial; el “terrorismo” la principal amenaza contra la paz y la democracia, junto con el tráfico de drogas y armas, el secuestro, la extorsión y el homicidio. El eje principal de los esfuerzos del gobierno se centró en el mejoramiento de la capacidad  y cantidad de las tropas y las unidades de policía, desplegándolas por todo el territorio para combatir a la guerrilla. Se aumentó la fumigación y erradicación de cultivos ilícitos, con el fin de disminuir la producción de coca y amapola, –aunque algunas organizaciones afirman que se han incrementado- y reducir los ingresos de los grupos guerrilleros y paramilitares. Estas medidas fueron complementadas con un “impuesto de seguridad” cobrado “supuestamente” por una única vez. Por tanto, no existe una renta permanente que financie la seguridad y la “derrota de todas las raíces del terrorismo”.

Después del proceso de desmovilización de más de 30.000 integrantes de las autodefensas y de alrededor de 15.000 hombres de la guerrilla, en el año 2007, surgen las “Águilas Negras. Estas se constituyen en Bandas Criminales, consideradas como una tercera generación de narcotraficantes, con características particulares, como la conformación de bloques armados con un relativo control social y militar en zonas de interés para el narcotráfico, a los cuales se han vinculado excabecillas e integrantes de estructuras ilegales desmovilizadas, con el preocupante incremento de la criminalidad y la violencia urbana en las principales ciudades del país, que sufren el impacto de la confrontación de estas bandas armadas en disputa por el territorio.

Este conjunto de dinámicas, hace que la seguridad ciudadana constituya actualmente un tema prioritario en la agenda pública, representado en demandas de la opinión y la asunción de responsabilidades por los gobernantes locales. Es necesario, que como expresión de la voluntad política de los ciudadanos, se diseñe y ejecute una política de seguridad y defensa estatal, independientemente de los periodos y ejercicios de Gobierno, proyectada en el tiempo, con un plan económico consolidado a mediano y largo plazo, que además de proteger, busque mejorar las condiciones de vida para evitar que el individuo delinca y desde la prevención, disminuir las causas sociales o sicológicas que lo predisponen a cometer delitos. La prevención sólo se logra con la participación del Gobierno Nacional, la autoridades locales, los prestadores de servicios públicos, la administración de justicia, la comunidad y naturalmente la policía.

Las violencias urbanas golpean especialmente a los segmentos más pobres de la población, erosionando su capital social. La seguridad ciudadana requiere una visión amplia para enfrentar las múltiples y complejas raíces que causan las violencias, como la pobreza, el marginamiento, la exclusión, las inequidades sociales y territoriales que caracterizan el proceso de urbanización, la insuficiencia de políticas públicas en materia de integración social y reiteramos, la naturaleza cada vez más organizada e internacionalizada de la criminalidad.

La evolución de una propuesta de Gobierno como la política de seguridad democrática a una política Estado como la de seguridad ciudadana, implica, sin perder el camino recorrido, avanzar a la complementariedad en la prevención, represión y rehabilitación de manera concomitante, al impulso de la cultura, el deporte y la recreación y al desarrollo de programas novedosos encaminados a mejorar el cumplimiento de las normas de convivencia, la autorregulación, la noviolencia y la solución pacifica de conflictos. La inversión social y la cultura ciudadana son la mejor política de seguridad. Formar ciudadanas y ciudadanos con autonomía, que convivan bajo unos parámetros de civilidad es la mejor forma de prevenir la criminalidad, cuando la construcción de ciudadanía implica un impacto duradero y profundo en la vida de cualquier sociedad.

Un comentario sobre “¿Seguridad democrática o ciudadana?

    Juan Pablo Díaz Díaz escribió:
    06/20/2009 en 3:19 pm

    Totalmente de acuerdo con usted doctor Prieto en su pensamiento: “La inversión social y la cultura ciudadana son la mejor política de seguridad. Formar ciudadanas y ciudadanos con autonomía, que convivan bajo unos parámetros de civilidad es la mejor forma de prevenir la criminalidad, cuando la construcción de ciudadanía implica un impacto duradero y profundo en la vida de cualquier sociedad.”
    Permitame le agrego algo a lo anterior, desde que ese cáncer mortal llamado “Corrupción” que actualmente y que por muchos años ha tenido enferma a nuestra democracia no sea combatido y erradicado en su máxima expresión, Colombia podrá decir: “Tal vez este será el camino hacia el verdadero desarrollo social y cultural.

    Saludos,

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