Símbolos

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Existe una gran diferencia entre la naturaleza grupal de algunos animales y la condición social del hombre. La primera es una suma de individuos, con jerarquías marcadas y un comportamiento colectivo que pueda garantizarle su supervivencia. La manada, claro ejemplo de masa, es una sola, cien por ciento instintiva. Mientras que en los seres humanos la definición de naturaleza social es diferente porque en su interior existen los conceptos de individuo, de libertad, de autonomía. Esa soberanía en pensamiento y actuación diversifica el comportamiento de los hombres y mujeres, haciendo necesario que en el grupo existan normas reguladoras de las conductas de sus integrantes. Estas máximas elementales, naturales y de aceptación unánime se conocen como principios, ellos se encargan de entrelazar los hilos que conforman el tejido social.

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También hay otros lineamientos que conocemos como valores, que definen la forma adecuada de pensar y de actuar dentro del grupo, se asemejan a los principios en cuanto a su común aceptación y reconocimiento, pero los individuos pueden tenerlos o no, diferenciándose entre sí. De esta forma, en el tejido social, que permanece entrelazado por los principios, los valores se convierten en puntadas especiales que le enriquecen, le dan vida y le hacen más fuerte y resistente. Cuando en una colectividad la mayor cantidad de individuos actúa de acuerdo con los principios y valores se puede hablar de un tejido social fuerte, de civilización.

La sociedad, caracterizada por sus propios valores y por sus principios más arraigados, requiere de una imagen que utilice como elemento alusivo. Es por eso que desde épocas remotas el humano ha buscado objetos y gráficos que sirvan para representar su condición de ser social, que identifique a su grupo entre los demás. Desde el águila de la Roma Imperial, pasando por Quetzalcóalt en el pueblo azteca y llegando hasta el cóndor andino los símbolos han servido para que los seres humanos se reconozcan a sí mismos y sean identificados por sus semejantes. Apropiarnos de un símbolo es aceptar que hacemos parte de una sociedad, que acogemos, seguimos y promovemos sus principios y valores. Los símbolos son sellos que confirman nuestra existencia como grupo dándonos identidad, sentido de pertenencia y demás características propias de los seres sociales.

Parte especial de esta semiótica social es la relacionada con los símbolos patrios, entendidos como los objetos -tangibles e intangibles- que representan a cada nación o región. Oficialmente se han determinado como tal la bandera, el escudo y el himno, pues los colores, gráficos o estrofas están directamente relacionados con las características propias de cada país, departamento, municipio o institución; con su pasado o su proyecto de futuro.

Pero más allá de la complejidad del símbolo, de la fastuosidad del estandarte o de la armonía de los acordes está el verdadero significado que cada individuo y la colectividad acepta y asume como suyo. El símbolo debe lucirse con orgullo y respeto hacia fuera pero debe amarse y defenderse desde el alma. Ellos no están ahí para ser desdeñados, o para ser exaltados por la fuerza. El símbolo patrio es parte integral del espíritu, genera sentimientos importantes en la medida que nos vincula con las generaciones pasadas y futuras.

Paradójicamente, tenemos una bandera, tan representativa que la compartimos con otras dos naciones hermanas, nuestro escudo nos recuerda el concepto de integración regional bajo las alas del ave majestuosa de los andes y un himno nacional que es el segundo más hermoso en el mundo. Pero nosotros, hijos pródigos de nuestra propia historia, nos acobardamos y nos avergonzamos de lo que somos, nos lamentamos del presente, negándonos desde ya la posibilidad de un mejor futuro.

El desdén y la apatía hacia las imágenes patrias han contribuido a que el país afronte una grave crisis, no sólo económica, política y social, sino fundamentalmente de principios y valores. Es triste ver que mientras para otros una bandera, un escudo o un himno se transforma en una fuente de motivación e inspiración, para muchos de nosotros no tiene la connotación que debería. La indiferencia ante lo que significa ser colombiano poco a poco nos convierte en seres sin espíritu colectivo, incapaces de pensar y luchar de manera decidida por intereses comunes y sin orgullo suficiente para lucir ante el mundo las galas y los pergaminos como hijos de esta gran nación.

nueva-imagen3Colombianos, antioqueños, hermanos de patria y región, debemos rescatar el significado de nacionalidad y regionalidad. Entendamos de una vez por todas que ser colombiano no es una vergüenza, que ser antioqueño es una bendición de Dios. Esta Antioquia verde de esperanza y blanca de pureza deber ser motivo de orgullo para quienes vivimos en ella. Estas acunadas montañas nos vieron nacer y nos dieron su suelo bendito para que creciéramos siendo seres aguerridos y sagaces. Esa matrona antioqueña, plasmada en el escudo, salvaguarda la libertad rodeada de la palma de la victoria y el árbol de plátano que es en esencia abundancia. Juntos crecen y se recrean en el cerro de la riqueza, en la topografía paisa reservada por Dios sólo para aquellos hombres y mujeres que encarnen los principios y valores culturales antioqueños, a través de los culaes debemos fortalecer cada vez más la urdimbre y la trama de nuestro resquebrajado tejido social y construir colectivamente el progreso y desarrollo que tanto anhelamos para Antioquia y Colombia.

3 comentarios sobre “Símbolos

    carlos andres echeverri valencia escribió:
    11/28/2008 en 9:24 am

    Dr. Eugenio, Siempre he estado de acuerdo con su pensamiento Político, como quiera que su planteamiento “Construir Procesos de Concertaciòn” es la salida a muchos de los problemas de la actualidad.

    Cuando se construyen procesos de concertaciòn de cualquier naturaleza,bien sea polìtica, social o cultural se crea naciòn, se crea paz, se crea solidaridad y se recupera el tejido social, que a mi entender es el quid del asunto en la crisis de nuestra naciòn comolombiana.

    Un abrazo,

    Carlos Andrès Echeverri Valencia.

    Augusto escribió:
    12/11/2008 en 2:50 pm

    Ojala y los símbolos fuesen interpretados correctamente, pues este es el lenguaje universal con el que se manifiesta la vida. El agua es símbolo de vida, pero siendo gratis la cobran y lo justifican diciendo que se cobra es el servicio. Pronto cobraran el aire porque la ambición los corrompe, pero les rompe el saco, ahí esta el símbolo de las “pirámides”. El símbolo mas importante de vida, hasta ahora todas las doctrinas del mundo no han sido capaces de interpretarlo, y cuando dicen interpretarlo, lo hacen equivocadamente con la gravedad de que cada una se dice representante de la verdad. “Yo soy el camino, y la verdad, y la VIDA” y aun lo crucifican, pues también es el símbolo de cada ser humano.

    juana escribió:
    03/27/2012 en 6:44 pm

    dode estan los significados. eso buscaba

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