Códigos de libertad

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El poder de la imaginación me ha permitido viajar a través del túnel del tiempo para sumergirme en las profundidades de la historia. He llegado a un lugar lejano, más de 500 años atrás, un continente de colores ocre y verde esperanza. Allí habitan el león, la cebra, el elefante. Las lluvias y el arco iris confluyen en la estepa y la montaña. Es el hogar de un pueblo antiguo, de una etnia sabia. Seres de ancestral abolengo, miembros de míticas tribus. Descendientes de los Zulúes y los Mandinga. Durante siglos han recorrido el apacible paisaje de su tierra por los caminos que las grandes manadas han trazado. Ven a Dios en la llanura, en los peces, en las aves, en el sol, el viento y el agua. Ofrecen a la naturaleza el respeto que se le da a una madre. Al antílope, al búfalo, a los animales los sienten como hermanos.

En medio de umbrales de marfil observé hombres de ébano que empuñaban lanzas y coloridos escudos, contemplé la danza ritual que precede a la batalla. Sobresalía la silueta de una mujer, la personificación de una diosa. Una divinidad que con expectativa ve partir a los suyos. Ellos salen a encarar la presencia desconocida de un invasor extraño. Hombres de corazón frío, tez blanca, ojos claros y el rostro manchado por la codicia. Están armados de espadas, arcabuces y redes, avanzan hasta el interior del continente iniciando una cacería vil y despiadada. Hambrientos de riqueza van en busca de marfil, oro, esmeraldas y de los hombres de piel de ébano. Me estremecí de indignación al ver la guerra desigual en la que el europeo -sólo por el color de su piel-, cazaba al etíope, como si fuese un animal.

Contemplé el dolor, la desesperanza de miles de familias, de millones de seres humanos, que como fieras salvajes, fueron acorralados. Encadenados de cuello, manos y pies. Los hacían abordar los grandes galeones para iniciar una travesía con destino al “Nuevo Mundo”. Reyes, guerreros, hechiceros, agricultores, orfebres, doncellas son hacinados en los calabozos como “mercancía” para ser ofrecidos como mercancía en los puertos europeos y americanos. En el camino algunos mueren de infecciones pero muchos más de tristeza, es peor asesinar el alma que matar el cuerpo. Las llagas y la peste consumen la vida de estos seres humanos en este recorrido fatal, no todos los que partieron llegan a puerto. A quienes sobreviven esta denigrante odisea les espera la plaza pública, la subasta, el trabajo forzoso en la hacienda, en la mina, en la plantación, la subyugación, el sometimiento.

El color del paisaje del continente africano cambio, el ocre y el verde esperanza se tiñeron con el escarlata de la sangre de los seres de ébano que aunque cayeron en la batalla, nunca fueron vencidos, su honor permanecerá intacto por siempre. Ellos optaron por la muerte, por la guerra hasta sus últimas consecuencias, confirmando leyes fundamentales para el hombre libre, códigos de libertad, de resistencia al opresor: primero muerto que prisionero, mejor suicida que subyugado. Lecciones de dignidad. La vida sin libertad no tiene sentido. Ser prisionero o sometido por otro hombre es una injuria a la realización del ser humano, a vivir orgulloso de sí mismo, de su hogar y de los seres que ama, de su tierra, de su patria.

En mi viaje a través del tiempo, encontré en América a un apóstol investido de humanidad, un sacerdote que con todas sus fuerzas se opuso a la degradación de los hombres sin importarle el color de su piel. Lo vi en el puerto, en los galeones, en las mazmorras, en las fincas y en los socavones, curando las úlceras y las heridas de los desventurados. En acto de humildad y rebeldía espiritual para su época se autoproclamó “Siervo de los etíopes”. San Pedro Claver se convirtió en precursor de los hombres de fe, a quienes años más tarde se les reconocería la siempre viva condición de los hijos de África, hoy afroamericanos. Su fuerza interior inspiró a los cimarrones que no se resignaron a perder su espíritu y en franca lid se levantaron desde los palenques contra la opresión.

Solamente sus códigos de libertad les permitirían sobrevivir durante siglos de cobardía, humillación e indignación y encontrar en su lucha, personas que se identificaran espiritualmente con su causa, dispuestas incluso a ofrendar su vida por ella. Abraham Lincoln en Norteamérica dijo no más y terminó con el sometimiento del ser humano para dar por fin a los afroamericanos que vivían en el norte su libertad. En la historia de nuestro país quedó grabado el mes de mayo, como el mes de la Libertad. El 21 de mayo de 1851, el señor Presidente de la República, José Hilario López, ordenó que, sin importar el color de su piel, todo ser humano sería libre en Colombia.

Ese día glorioso el propio José Hilario López, lleno de júbilo y alborozo, no pudo contener las lágrimas. Como no las pudo contener la madre que lloró de alegría porque el hijo que alojaba en sus entrañas nacería siendo libre. Como tampoco las pudieron contener los cientos, miles de seres humanos de piel de ébano, que ese día recordando a los que murieron a lo largo de siglos de infamia, con toda la fuerza reprimida de generaciones de opresión y sufrimiento, desde lo más profundo de su ser interior, entre el dolor y la alegría, la indignación y la esperanza, liberaron gritos desgarradores que se escucharan por siempre en la historia de la humanidad: libertad, libertad, liberrrrrtaaaaaaddd !!!!!!!!.

Muchos han sido los hombres y mujeres que a través de la historia han ofrendado su vida para romper las cadenas del odio y la desesperanza, para luchar contra cualquier forma xenofobia y racismo. Entre ellos Malcom X y Martín Luther King, sacrificados por la segregación irracional en la lucha por el reconocimiento de los derechos civiles y en contra de la discriminación racial de su país. En el África moderna e igualmente indómita, encontramos a un hombre cuya lucha se ha fundamentado en la razón, el argumento, la verdad. Un luchador infatigable al que el régimen de su país no pudo callar ni la prisión pudo vencer. Nelson Mandela logró derribar el apartheid y doblegar con honor y firmeza el intolerante y discriminatorio régimen que los euroafricanos quisieron preservar a perpetuidad.

“El conquistador por cuidar su conquista se convierte en esclavo de lo que conquistó”. Todavía retumban en mi mente los gritos de estos hombres y mujeres que a través de la historia continúan clamando para que nos liberemos de las cadenas, de las esclavitudes que hoy nos oprimen: exclusión, marginación, xenofobia, pobreza, indiferencia, fanatismo, el dinero fácil, insensibilidad, odios, violencias, mezquindad. La memoria, hoy siempre mi homenaje para los afrodescendientes. El respeto por la diferencia mi compromiso con su legado de emancipación, con sus códigos de libertad, de dignidad.

2 comentarios sobre “Códigos de libertad

    Miguel Tirado escribió:
    11/12/2008 en 10:09 am

    Hermoso escrito Doctor Eugenio. Pero aún hoy continuamos padeciendo los horrores de la esclavitud, y lo peor es que ya no son los blancos los opresores. Hoy día es el hombre sin distinción de colores, que en su condición de “civilizado” se encarga de cometer todo tipo de atropellos contra su misma especie; para la muestra tenemos en nuestra propia tierra los desplazamientos forzados, la trata de blancas, el secuestro en todas sus modalidades, el sicariato, la prostitución, y muchas cosas mas.

    Esperare pacientemente que el hombre comprenda que el producto de su conocimieto, es el causante de su destrucción; esperare pacientemente que el hombre use el conocieminto aprendido para volver a su esencia natural… ser humano.

    Cordial Saludo

    Miguel Tirado

    Desafortunadamente la sociedad actual se ha convertido en pandemonium

    El conquistador por cuidar su conquista se convierte en esclavo de lo que conquistó”. Todavía retumban en mi mente los gritos de estos hombres y mujeres que a través de la historia continúan clamando para que nos liberemos de las cadenas, de las esclavitudes que hoy nos oprimen: exclusión, marginación, xenofobia, pobreza, indiferencia, fanatismo, el dinero fácil, insensibilidad, odios, violencias, mezquindad. La memoria, hoy siempre mi homenaje para los afrodescendientes. El respeto por la diferencia mi compromiso con su legado de emancipación, con sus códigos de libertad, de dignidad.

    Minga escribió:
    11/14/2008 en 6:00 pm

    No en vano decía José Martí, “La incapacidad no está en el país naciente, que pide formas que se le acomoden y grandeza útil, sino en los que quieren regir pueblos originales, de composición singular y violenta, con leyes heredadas… el buen gobernante en América es el que sabe con qué elementos está hecho su país, y cómo puede ir guiándolos en junto, para llegar, por métodos e instituciones nacidas del país mismo, a aquel estado apacible donde cada hombre se conoce y ejerce, y disfrutan todos de la abundancia que la naturaleza puso para todos en el pueblo que fecundan con su trabajo y defienden con sus vidas. El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma de gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país.“

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