Guillermo y Gilberto

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Jesús Abad Colorado
Fotógrafo: Jesús Abad Colorado

Rendimos homenaje profundo y solidario a nuestros Mártires de la Paz Guillermo Gaviria Correa y Gilberto Echeverri Mejía, a los oficiales y suboficiales que les acompañaron, a todas las personas privadas de su libertad o retenidos contra su voluntad y a todos los seres humanos que padecen y sufren por las violencias.

Como nos duele en el corazón su ausencia. Cinco años ya sin su presencia física. El sentido ético de ese exigente compromiso que Guillermo y Gilberto asumieron con su pueblo, los llevó a buscar y defender postulados que ofrecieran argumentos y modelos de lucha pacífica para aquellos sectores más marginados y sacrificados por los desequilibrios de poder y las inequidades sociales.

Ellos creyeron en una nueva forma de poder social, que transformara la visión y el entendimiento de la política. Que nos permitiera reemprender el viaje por los senderos del humanismo, asumir nuevas formas de compromiso, entendimiento, cooperación, ayuda mutua, libertad y democracia, para que fuéramos más libres, más justos, más dignos.

Ellos nos invitaron a ser arquitectos de esa nueva forma de poder social, ético, humanizador y revitalizador del concepto de ciudadanía, que recogiera las demandas e inquietudes de hombres y mujeres de toda clase o condición y nos propiciara alternativas y esperanzas como centro de un nuevo universo social en el que nadie se sintiera excluido.

Son cinco duros años privados de la presencia y la palabra visionaria de Guillermo y Gilberto. Su ausencia sigue agobiando el espíritu de la comunidad antioqueña, que no se resigna a la pérdida de estos líderes que tan despejadas expectativas sembraron, en medio de la admiración y reconocimiento de todo un país, por la alta calidad de su gestión, pero sobre todo, por su elevada estatura moral. No ceso de repasar en mi memoria, el legado de pensamiento y obra que Guillermo y Gilberto nos dejaron.

Ellos nos gritaban en su silencio forzado, que fuéramos artífices de una sociedad civil responsable y madura, que pudiera romper las asimetrías y los desequilibrios que aún existen y que nos avergüenzan. Las FARC nunca comprendieron la dimensión del proyecto pacifista y demócrata por ellos impulsado.

Guillermo y Gilberto fueron líderes que por responsabilidad y convicción identificaron las diferentes formas de violencia, para combatirlas a través de propuestas constructivas y participativas. Ellos nunca desfallecieron en el propósito de abrir los corazones de nuestro pueblo a la concertación. Fueron dirigentes que, en sus gestiones públicas, generaron credibilidad y confianza porque procuraron romper la lógica de las rivalidades destructivas, humanizar el conflicto y abrirse al diálogo como disposición a argumentar y a escuchar; aceptaron siempre la posibilidad de equivocarse, porque pensaron en valores y razones y no en dogmas y principios inmutables; practicaron en su acción de gobierno la tolerancia, examinando desapasionadamente las opiniones de todos. En una palabra, porque defendieron el milagro más grande que nos ha sido concedido, la vida.

En los especiales del 5 de mayo de los Periódicos El Colombiano y El Mundo, bellamente se refieren a ellos como Tejedores de Paz, constructores de hombres y de caminos; hombres de familia, trabajadores incansables, mártires de la paz, y nos dejan varias reflexiones, una de ellas sobre la justicia que tiene que ver fundamentalmente con nuestras instituciones y otra, que también tiene que ver con justicia, es el llamado a la sociedad en general, por que tal vez su mensaje de paz, magnificado al máximo con su propio martirio, no ha sido escuchado.

Su gesto, para muchos aún incomprendido, refrendado con el propio sacrificio personal, es una gran declaración a favor de la cultura de la paz. Nada me convencerá jamás de que este propósito tan elevado, haya sido destruido con su retención y muerte. Por su simbolismo, por el movimiento que lo inspiró y por las circunstancias que lo rodearon, el testimonio de dolor y separación de sus familias y de su pueblo, es una de las acciones de bondad y nobleza más memorable que ha producido está adolorida patria. La marcha pacífica por la reconciliación y la solidaridad con la atormentada Caicedo, que lideraron alentados por la profunda convicción de que la violencia no puede combatirse con mas violencia, sino con ejemplos contundentes de paz, ha sido uno de esos gestos extraordinarios, tan escasos en estos tiempos mezquinos y tenebrosos.

Los colombianos no estamos acostumbrados a las acciones extraordinarias de nuestros propios compatriotas. Aisladamente, valerosas víctimas de las violencias, dan muestras cotidianas ejemplares de valor frente a la adversidad, que nos conmueven a todos. Pero el desafío de dos dirigentes inermes que reclamaron como un derecho, la paz para sus conciudadanos y se enfrentaron a un camino sembrado de peligros e incertidumbres, es algo que en realidad jamás habíamos visto. Lo que Antioquia, Colombia y el mundo presenciaron, fue como un milagro epocal, que nos debe reconciliar con la esperanza y con el trabajo conjunto para la construcción colectiva de un futuro.

Al hacer de su legado, nuestra teoría ético-política y cultural, nos estamos dotando de una gran cantidad de recursos y herramientas para refundar la política, nuestras relaciones, cómo nos percibimos y cómo participamos individual y colectivamente en la construcción de nuestra sociedad. Para ello tendremos que formar ciudadanos democráticos, comprometidos con lo social y la justicia. Toda una labor pedagógica metodológica que nos acerque a la democracia ideal que soñamos y que no es un imposible. Implicará renunciar a la política según los viejos estilos y formas, para adaptarla a una sociedad cada vez más abierta, plural y compleja, que no sólo demanda más servicios públicos sino, también, más participación, mayor y real ejercicio de ciudadanía.

Las nuevas generaciones sabrán que hubo un tiempo donde aquí se sembraron para siempre semillas fértiles de paz, piedad, perdón, amor, reconciliación. También sabrán si nosotros las abonamos, las cultivamos y cosechamos o si simplemente como tantas veces, nos hicimos los ciegos, sordos y mudos.

No nos dejaremos vencer por las adversidades o los contratiempos. Con Guillermo y Gilberto liderando la movilización de millones de corazones anhelantes, con su luz, irradiando nuestros espíritus de responsabilidad, conciencia ética y moral para no perder el pulso de la historia que hoy atraviesa el alma de Antioquia y de Colombia, repito desde el fondo de mi alma con toda mi convicción: mantendremos viva la esperanza, la construcción de ciudadanía, de Una Antioquia Nueva. La marcha por la solidaridad y la reconciliación continúa.

3 comentarios sobre “Guillermo y Gilberto

    Jesús Abad Colorado L. escribió:
    11/15/2008 en 10:40 am

    Hola Eugenio, que bueno que sigas trabajando con la mirada en alto y dispuesto a continuar el camino de esperanza que nos han enseñado maestros de la vida como Guillermo y Gilberto.
    Un fuerte abrazo y mucho ánimo, que Antioquia requiere personas honestas para continuar el camino de la paz con justicia social.
    Chucho Ab.

    CÉSAR MAURICIO TABORDA escribió:
    01/24/2009 en 5:54 pm

    la esperanza esta en el cielo a lado del redentor. Guillermo y Gilberto son el símbolo espiritual de la paz del departamento, por estas razones lo invito a usted señor EUGENIO PRIETO SOTO que defienda el programa-proyecto “UNA ANTIOQUIA NUEVA” con todas esas ganas que lo ha hecho que nosotros no descansaremos hasta que todo Antioquia conozca los pasos dados en esta iniciativa y lo que se piensan dar

    “JUVENTUD DE CIUDAD BOLÍVAR COMPROMETIDA CON LA PAZ DE COLOMBIA”

    jose vargas escribió:
    10/06/2010 en 8:43 am

    asi es que se habla t.q.m

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